VEN A MI CASA ESTA NAVIDAD

Dr. Felipe Guerrero

La noche del eterno comienzo fue la noche de las millonarias soledades.

Nos encontramos en la puerta de la Navidad. Recordamos el hecho que dividió la historia de la humanidad: Antes y Después.  El centro de ese acontecimiento fue una sencilla pareja que llegó a Belén desde una tierra lejana. Por aquellos días, de la primera navidad salió un decreto, en donde los poderosos de la época ordenaban realizar un censo en todo el Imperio. El humilde José, subió a Belén, para inscribirse junto con María, su esposa, que estaba embarazada. Salieron de su hogar en unas circunstancias muy difíciles en sus vidas. Se vieron obligados a marchar, tuvieron que dejar su gente, su casa y sus tierras y ponerse en camino para ser censados. Una travesía nada cómoda para una joven pareja en situación de dar a luz. Y luego tuvieron que enfrentar quizás lo más difícil: llegar a Belén y experimentar que era una tierra que no los esperaba, una tierra en la que para ellos no había lugar…

En esa tierra pronto va a nacer su hijo, con mucha incertidumbre y con la abrumadora soledad que es un signo de contradicción de cara a la alegría que trae ese niño en el cielo y la tierra.

El pequeño nacerá en una pesebrera. El establo de Belén es el lugar de las millonarias soledades. Sólo unos pastores tuvieron la suerte, de acercarse a esa caballeriza para conversar con José y con María, hacerle carantoñas al niño recién nacido que, envuelto en pañales, estaba acostado en la pesebrera. En aquel solitario establo la joven madre tenía tiempo suficiente para guardar en su corazón todo cuanto sucedía. Aquella hermosa muchacha, meditaba y compartía con su esposo carpintero las impresiones de cuanto ocurría a su alrededor.

Al menos en aquella primera noche hubo algunos que pasaron por allí a conocer al niño, o a adorarlo pues en medio de la oscuridad un coro celestial les había dicho que ese niño era el Salvador.

En aquella primera noche del eterno comienzo, el desamparo era total. No hubo luces apenas el misterio de la pequeñez del Altísimo.

En estos días tan cercanos a la navidad, muchas familias viven millonarias soledades. Los hijos y los nietos se marcharon más allá de los linderos de la patria.  Vivirán estos días entre la nostalgia, el dolor y los miedos que les habitan.

En esta hora para la familia venezolana el Portal de Belén es un reflejo del Calvario.  La soledad de la Navidad es un vía crucis de adversidad y sufrimiento.

Pero el inicio del mes de Diciembre es un buen tiempo para renovar la esperanza en el niño que nace en la pesebrera, que pasa por el Calvario pero que derrota la muerte con la triunfante resurrección.

La oscuridad de la noche de Belén se repite en la oscuridad que envuelve la existencia humana. Para iluminar estas tinieblas Dios se hace hombre.

Resulta necesario volver a la pesebrera en este tiempo en el cual la familia venezolana se balancea entre la ausencia y el recuerdo.

En esta estación como en ninguna otra época del año «… hay frío en la patria y en este inmenso campo, las flores se estremecen; … reina el silencio en los hogares y  en el aire, revolotea una pena».

Esta Venezuela, acusa su penumbra tras un dolor permanente y silencioso… Para quienes somos Discípulos del Resucitado, esta es la hora de encender los faroles de la esperanza que permitan iluminar el camino a los demás. En esta estación estamos obligados a entonar un canto de esperanza. Que no se nos escape nuestra eterna alegría, que no desfallezca nuestra certeza, que no se nos escape nuestra luz de certeza, que no se marchite nuestro canto.

Entonamos nuestro canto de esperanza, porque en las proximidades de la Navidad, el Todopoderoso nos dice: «Mira, yo estoy llamando a la puerta si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos». (Apocalipsis 3,20)

Esta invitación simboliza la relación íntima que Dios busca con cada uno de nosotros. El pesebre, como el corazón, se convierte en un lugar donde se recibe a Jesús. El corazón, como el pesebre, simboliza la transformación interior que Dios desea realizar en la vida de las personas, reemplazando un corazón duro con uno receptivo y amoroso.

Este tiempo debe estar marcado por la alegría. La alegría de saber que podemos llevar alegría a los más tristes. Debemos aprender a disfrutar lo que tenemos, y ser agradecidos por todo, particularmente el regalo de la vida.

En estos días tan cercanos al final del año, cuando muchas personas viven millonarias soledades, con el patrocinio de la ASOCIACIÓN DE DAMAS SALESIANAS, nos reuniremos este Viernes 29  de Noviembre, para compartir un decálogo de formas creativas que permitan superar la soledad, la tristeza y la depresión.

Estamos llamando a la puerta, decimos con el bardo «VEN A MI CASA ESTA NAVIDAD»